lunes, 18 de junio de 2012

¡Veranooo!

Sí, lo sé, ya no hay más preocupaciones, ha llegado el verano, época de frescura. Esta está loca, estaréis pensando, pero no me equivoco cuando me refiero a...¡¡ropa!!. Porque el verano es una época para festejar, para gritar a los cuatro viento que eres libre, y que no estás sujeta a nada. Y la mejor forma de demostrarlo, ¡es a través de nuestros conjuntos!. Podemos encontrar un nuevo estilo, sin tener que comprar ropa nueva. Sólo hay que prestar un poquito de atención:

1- Abre tu armario, y échale un vistazo a tu ropa. Seguro que tienes alguna prenda que sólo te la pones una vez, otras que te quedan pequeñas... Míralas de otra manera. Si ya no te gustan, cámbialas. Puedes cortar vaqueros que te quedan pequeños y convertirlos en unos shorts, añadirle lentejuelas o tachuelas a las camisas, rasgar algunas camisetas...¡hay mil maneras de transformarlas!

2- Rebusca en el pasado. Mira el armario de tu madre. ¿Seguro que esa ropa ya no se lleva? Encontrarás verdaderos tesoros. Pero no sólo con la ropa, los complementos también puedes rescatarse. Pulseras, collares, anillos, que vuelven a ser trend en las pasarelas.

3- ¡Reinvéntate! Prueba con nuevos conjuntos. Inténtalo mezclando prendas que normalmente no mezclarías. Te llevarás auténticas sorpresas. Mira las revistas, y toma ideas de ellas que te ayudarán con tu estilismo

Espero que estos consejos os ayuden a definir o a encontrar vuestro estilismo. ¡Mucha suerte, y feliz verano!

viernes, 1 de junio de 2012

¿Preocupación?

¿Sabéis qué? No merece la pena preocuparse. Es lo peor de todo, la preocupación. Está en cada uno de tus pensamientos, se incrusta en tu mente como una garrapata, cuando haces algo de lo que te arrepientes, agobias, equivocas, o que te guste. Porque el ¿y si...? siempre va a estar ahí. Y no pienses que con el tiempo te acostumbrarás "a ti mismo". Siempre te avergonzarás de ti. Y no hay manera de remediarlo. Por eso, deja de preocuparte. Que no te preocupes más no significa que no te importe. Significa que  ya lo has meditado lo suficiente como para sentirte mal. Si no has encontrado una solución, asume las consecuencias. Puede que en el último momento te venga el espíritu santo. Eso nunca se sabe, pero hasta que llegue el final, cuenta hasta tres, y respira hondo. Si tiene solución, ¿por qué preocuparse?. Si no tiene solución, ¿por qué preocuparse?.